El Niño se intensifica y eleva los riesgos para la agricultura, la inflación y la energía en América Latina
Colombia, Perú y Brasil aparecen entre las economías latinoamericanas más expuestas a los efectos del fenómeno climático, mientras los mercados energéticos regionales vuelven a prestar atención a la disponibilidad hidroeléctrica, la demanda de gas natural y las posibles necesidades de generación térmica.
El fortalecimiento del fenómeno de El Niño durante el segundo semestre de 2026 podría generar nuevas presiones sobre los precios de los alimentos, la producción agrícola y algunos sistemas energéticos de América Latina.
El riesgo ha aumentado después de que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA, confirmara que El Niño continúa desarrollándose y probablemente se fortalecerá hasta finales de año. Según su actualización del 9 de julio, existe una probabilidad de 97% de que el fenómeno se mantenga hasta comienzos de la primavera boreal de 2027 y una probabilidad de 81% de que alcance una intensidad “muy fuerte” durante el trimestre octubre-diciembre de 2026.
La Organización Meteorológica Mundial también ha advertido que la intensificación de El Niño aumenta la probabilidad de episodios meteorológicos extremos, aunque recuerda que sus efectos no son uniformes y pueden variar significativamente entre países y regiones.
En este contexto, un análisis de Bank of America identifica a Colombia, Perú y Brasil como las economías latinoamericanas potencialmente más vulnerables, mientras Argentina afrontaría riesgos importantes para determinados cultivos. Chile y México mostrarían, en comparación, una exposición macroeconómica más limitada.
Colombia y Perú, con mayor exposición inflacionaria
El principal canal económico evaluado por Bank of America sería el aumento de los precios de los alimentos y su posterior transmisión hacia otros componentes de la inflación.
El banco elaboró un modelo econométrico que considera variables como crecimiento económico, inflación, tasas de interés, tipo de cambio real y precios del petróleo, utilizando información trimestral correspondiente al periodo 2004-2023. Sus resultados sugieren que Colombia y Perú presentan la mayor sensibilidad regional ante un episodio intenso de El Niño.
De acuerdo con las estimaciones citadas, un aumento equivalente a una desviación estándar en la intensidad del fenómeno podría añadir hasta 0,9 puntos porcentuales a la inflación colombiana y aproximadamente 0,4 puntos porcentuales a la peruana.
En un escenario severo, equivalente aproximadamente a dos desviaciones estándar, la presión adicional podría alcanzar hasta 1,8 puntos porcentuales en Colombia y cerca de 0,8 puntos porcentuales en Perú. Estas cifras representan resultados de un ejercicio de modelización y no una previsión definitiva sobre la trayectoria futura de los precios.
Cuando el análisis se limita a la inflación alimentaria, la sensibilidad estimada aumenta. El estudio calcula que un choque de una desviación estándar podría elevarla alrededor de 1,4% en Colombia, 1,2% en Perú y cerca de 1,3% en Brasil, aunque en el caso brasileño la evidencia estadística sería menos concluyente.
El sector energético vuelve al centro de atención
El Niño también puede modificar las condiciones de operación de los sistemas eléctricos regionales, particularmente en los mercados con una elevada participación de la generación hidroeléctrica.
Las alteraciones en los patrones de precipitación pueden reducir los aportes de agua a los embalses en algunas zonas, limitar la disponibilidad hidroeléctrica y aumentar la necesidad de recurrir a centrales térmicas alimentadas con gas natural, GNL, carbón o combustibles líquidos.
Bank of America observa una sensibilidad particular en Colombia, donde estima que el fenómeno podría generar un incremento cercano a 1,3% en los precios de la energía. El banco señala que el efecto varía entre países debido a las diferencias geográficas y al impacto que las temperaturas y las precipitaciones ejercen sobre la generación y la demanda eléctrica.
Desde la perspectiva del mercado de gas natural, un escenario de menor generación hidroeléctrica podría elevar el consumo de gas para generación térmica y aumentar la relevancia de las infraestructuras de importación, almacenamiento y regasificación de GNL.
No obstante, el efecto final dependerá de múltiples factores: el nivel inicial de los embalses, la distribución territorial de las lluvias, la disponibilidad de producción nacional de gas, la contratación existente, la capacidad de las terminales de GNL y las decisiones operativas adoptadas por cada sistema eléctrico.
Por ello, la llegada de un El Niño fuerte no implica automáticamente un aumento uniforme de las importaciones latinoamericanas de GNL. Sí representa, en cambio, una variable que los operadores, comercializadores y autoridades deberán vigilar durante los próximos meses.
Brasil: riesgos para el maíz, la soja y el azúcar
Brasil aparece entre los países con mayor exposición agrícola debido a que el periodo de máxima intensidad previsto para El Niño coincidiría con etapas críticas de la campaña 2026-2027.
Las lluvias irregulares podrían retrasar la siembra de soja y reducir la ventana disponible para el desarrollo del maíz de segunda cosecha, conocido como safrinha. Bajo este escenario, Bank of America estima que la producción brasileña de maíz podría disminuir alrededor de 10% interanual durante la campaña 2026-2027.
El azúcar también se encuentra entre los productos potencialmente afectados. Un exceso de precipitaciones en el centro-sur de Brasil podría reducir los días efectivos de molienda y disminuir la concentración de sacarosa de la caña. El análisis del banco contempla una posible caída cercana a 5% en la producción brasileña de azúcar durante la campaña.
Las consecuencias podrían extenderse más allá del sector agrícola. Brasil es uno de los principales productores y exportadores mundiales de maíz, soja y azúcar, por lo que una reducción relevante de sus cosechas podría influir sobre los precios internacionales, los flujos comerciales y los costos de insumos utilizados en diferentes cadenas industriales.
Argentina y la exposición de la cosecha de trigo
Argentina también enfrenta riesgos específicos, especialmente para el trigo. Según el análisis, aproximadamente 10 millones de toneladas, equivalentes a cerca de 35% de la cosecha prevista, podrían encontrarse expuestas a las condiciones asociadas con El Niño.
La principal preocupación sería la posibilidad de lluvias excesivas e inundaciones durante etapas sensibles del cultivo, circunstancias que en episodios anteriores han ocasionado reducciones del área sembrada y menores rendimientos.
Sin embargo, el impacto dependerá de la localización y oportunidad de las precipitaciones. En determinadas regiones agrícolas, una mayor disponibilidad de humedad también puede resultar favorable, especialmente cuando el punto de partida está caracterizado por déficits hídricos. Por tanto, la evolución deberá evaluarse por zona productiva y no únicamente a partir de un indicador nacional agregado.
Fertilizantes elevados amplifican el riesgo
Uno de los elementos que diferencia el episodio actual es el nivel todavía elevado de los precios de los fertilizantes.
La combinación de mayores costos de producción, alteraciones climáticas y posibles pérdidas de rendimiento podría reducir los márgenes de los agricultores y trasladar parte de la presión hacia los precios finales de los alimentos.
Bank of America advierte que esta situación aumenta la vulnerabilidad de los productores sudamericanos precisamente cuando se preparan para una nueva temporada de siembra.
La agricultura es, además, una actividad intensiva en energía. El encarecimiento de fertilizantes, combustibles, transporte y electricidad puede reforzar las presiones de costos, mientras las posibles alteraciones en las cosechas podrían afectar la disponibilidad de productos destinados tanto al consumo interno como a la exportación.
Implicaciones para el mercado regional de GNL
Para el mercado latinoamericano de GNL, el desarrollo de El Niño introduce varias variables que deberán ser monitoreadas durante el último trimestre de 2026 y comienzos de 2027.
La primera será la evolución de las reservas hidroeléctricas en países como Colombia y Brasil. Una reducción sostenida de los aportes hídricos podría aumentar el despacho de generación térmica y, dependiendo de la disponibilidad de gas doméstico, impulsar requerimientos adicionales de GNL.
La segunda será el comportamiento de la demanda eléctrica. Temperaturas superiores a lo normal pueden incrementar el uso de sistemas de refrigeración y elevar el consumo de electricidad, especialmente en grandes centros urbanos.
La tercera será la competencia internacional por los cargamentos spot. Si El Niño altera simultáneamente la demanda energética de otras regiones, los compradores latinoamericanos podrían enfrentar un mercado más ajustado o señales de precios diferentes a las actualmente previstas.
Finalmente, los gobiernos deberán gestionar el posible impacto inflacionario en un escenario en el que alimentos, energía y costos agrícolas pueden interactuar. Esto podría dificultar el proceso de reducción de tasas de interés en algunas economías, incluso si el efecto sobre el crecimiento agregado resulta limitado.
Un riesgo relevante, pero no un resultado asegurado
Los modelos climáticos y económicos coinciden en señalar una probabilidad elevada de que El Niño se fortalezca durante los próximos meses. Sin embargo, la magnitud y ubicación de sus efectos todavía mantienen un grado importante de incertidumbre.
La propia NOAA subraya que incluso los eventos más intensos no producen necesariamente los impactos típicos en todos los lugares. Una mayor intensidad incrementa las probabilidades de determinados patrones climáticos, pero no permite anticipar con precisión cada resultado local.
Para América Latina, las principales señales que deberán seguirse serán la evolución de las precipitaciones, los niveles de los embalses, la disponibilidad de generación hidroeléctrica, el avance de las cosechas, los precios de los alimentos y fertilizantes y las posibles necesidades adicionales de combustibles para generación eléctrica.
En el mercado energético, El Niño vuelve a confirmar la importancia de mantener sistemas diversificados, infraestructura flexible y acceso oportuno a fuentes complementarias de suministro. En este entorno, el gas natural y el GNL pueden desempeñar un papel relevante para respaldar la seguridad eléctrica, aunque su utilización dependerá de las condiciones específicas de cada país y de la evolución efectiva del fenómeno.