Javier Fernández: “El gas es y seguirá siendo un recurso relevante de garantía de suministro y de competitividad”
GNL GLOBAL conversa con Javier Fernández sobre el futuro del gas natural en América Latina, la seguridad energética, la competitividad, la experiencia de Chile y los desafíos de una transición energética pragmática.
Con más de dos décadas de experiencia en el sector energético y una trayectoria profesional desarrollada en distintos mercados internacionales, Javier Fernández, Presidente Metrogas Chile y Presidente Naturgy Chile, aporta una perspectiva especialmente amplia sobre la evolución del gas natural y de los sistemas energéticos de América Latina.
En esta entrevista exclusiva con GNL GLOBAL, Fernández analiza algunas de las cuestiones que hoy están definiendo la agenda energética regional: la necesidad de planificación de largo plazo, la integración entre mercados, el papel estratégico del gas natural, la seguridad de suministro, la competitividad, la transición energética y la importancia de preservar marcos regulatorios capaces de atraer inversión.
Chile ocupa un lugar especial en la conversación. Su experiencia permite observar cómo un mercado puede responder a una disrupción profunda del suministro, diversificar sus fuentes y desarrollar infraestructura capaz de reforzar su resiliencia energética.
Pero la conversación va más allá de Chile. Argentina, Brasil, Colombia, México y la integración energética latinoamericana aparecen también en el análisis de Fernández, quien plantea una visión pragmática de la transición: avanzar hacia menores emisiones sin perder de vista la seguridad de suministro, la competitividad de las economías y la realidad tecnológica.
GNL GLOBAL: A lo largo de más de dos décadas en el sector energético y habiendo trabajado en mercados tan distintos como España, México, Colombia y Chile, ¿cuáles considera que han sido los principales aprendizajes que le ha dejado América Latina como región energética?
Javier Fernández: América Latina ha sido, es y será una región de oportunidades en el sector energético. Con disponibilidad de recursos naturales abundantes, y con una voluntad política en muchos países de desarrollar una industria energética fundamentalmente privada, eficiente y competitiva. Los inversores de todo el mundo encontramos marcos políticos y regulatorios que permiten una relación público-privada productiva para los consumidores y para los inversores. Por el contrario, y eso no es exclusivo de esta región, la presión de la agenda política prima en demasiadas ocasiones los objetivos de corto plazo, dejando en segundo plano la necesaria planificación de mediano y largo plazo, crítica en una industria donde las inversiones se realizan con horizontes de décadas. Por último, se echa de menos una mayor integración regional que permitiera el desarrollo adecuado de todos los recursos naturales dentro de la misma región, que es donde especialmente por cuestiones de competitividad y seguridad de suministro tiene más sentido su utilización.
Si bien es cierto que se tiene una sensación de que lo que pasa en América Latina tiene un cierto decalaje respecto a lo que pasa en otras regiones como Europa o Estados Unidos, esto no siempre es cierto. Muchos países de América Latina han sido pioneros en la adopción de esquemas regulatorios avanzados, y en una relación profesional y constructiva entre reguladores y empresas del sector. En algunos aspectos de avance en la adopción de novedades tecnológicas de operación o de gestión, América Latina ha tenido la ventaja de aprender de los errores a la hora de aplicar esas tecnologías, y la capacidad de adoptarlas con mayor rapidez y eficacia.
Durante su trayectoria ha liderado organizaciones en momentos de transformación del sector energético. ¿Cómo ha evolucionado el rol del gas natural dentro de las estrategias de seguridad energética y competitividad de los países de la región?
JF: Ha evolucionado de manera desigual en los diferentes países. Y el factor diferencial genérico ha sido la disponibilidad de recursos locales o recursos trasportados a través de conexiones internacionales fronterizas por gasoducto. En todos los países latinoamericanos con infraestructuras gasistas, el gas natural es imbatible en la utilización industrial. En el mercado residencial, comercial o GNV la evolución en su adopción como energía de preferencia ha sido desigual por causas muy diversas que van desde lo cultural o idiosincrático, a las diferentes realidades climáticas, o a la presencia de energías alternativas competitivas.
Las conexiones entre USA y México, entre Bolivia y Brasil, entre Argentina y Chile en diferentes momentos del tiempo impulsaron el uso del gas natural y aunque esas conexiones han tenido momentos mejores y peores, han significado un impulso importante a la competitividad y a la calidad vida de la región.
Argentina en la actualidad es un actor relevante para seguir, con el deseo de que tenga una política consistente en el desarrollo y exportación a países vecinos de sus vastos recursos con origen en el campo Vaca Muerta en Neuquen. Igualmente, Brasil tiene recursos importantes para garantizar seguridad de suministro y competitividad para sus mercados.
Un caso llamativo es el de Colombia, país con disponibilidad de recursos y que históricamente apalancó su crecimiento con el gas como uno de los principales protagonistas en la matriz energética, pero que con el freno a la inversión en exploración y producción (E&P) en los últimos años, ha empeorado su posición en cuanto a seguridad de suministro y competitividad.
México también renunció a un crecimiento relevante de la E&P, si bien a diferencia de Colombia se pudo aferrar a la disponibilidad de recursos de Estados Unidos, para impulsar su crecimiento económico.
Diferentes estrategias y políticas en esta geografía en cuya matriz energética, con seguridad el gas es y seguirá siendo un recurso relevante de garantía de suministro y de competitividad.
Chile: de la vulnerabilidad del suministro a la diversificación
La experiencia chilena constituye uno de los casos más relevantes de transformación de la infraestructura gasista en América Latina. La interrupción de los flujos desde Argentina obligó al país a replantear en pocos años su seguridad energética y desarrollar nuevas alternativas de abastecimiento.
Chile ha desarrollado una de las industrias de gas natural más sofisticadas de América Latina. Desde su experiencia, ¿cuáles han sido los factores más importantes para consolidar ese desarrollo y qué lecciones podrían ser útiles para otros mercados regionales?
JF: La historia del gas en Chile es muy reciente e intensa a la vez. Desarrollo incipiente
del mercado apalancándose en el gas argentino a finales de los años 90 y posteriormente, a pesar de las dificultades, una magnífica capacidad de reacción una década después al corte de la importación por gasoducto con el desarrollo de GNL Quintero y GNL Mejillones como alternativa.
Santiago es uno de los mejores ejemplos de como en muy poco tiempo mejoró la calidad del aire por la incorporación del gas natural en sustitución de la leña para el mercado residencial, además de la sustitución del fuel, diésel y gasóleo para el mercado industrial y de generación eléctrica. Otras ciudades, especialmente en el sur del país han sido mas tibias en la implantación de los programas de mejora de la calidad del aire y han mantenido el uso de la leña u otras alternativas más nocivas para los ciudadanos en detrimento de la incorporación del gas natural de manera masiva con los beneficios que ya se demostraron en Santiago.
El futuro es prometedor, Chile tiene capacidad de importación de importantes cantidades de gas tanto de Argentina a través de diferentes gasoductos como GNL a través de sus plantas, incluso tiene la capacidad de convertirse en un vehículo de exportación del gas argentino al Pacífico. Esa colaboración entre países es necesaria para la región, aportando un flujo interesante y estable de divisas a Argentina y una opción energética competitiva de base a Chile.
En cualquier caso, y esto no solo aplica a Chile sino al resto de países en Latinoamérica, un factor a considerar es la importancia de evitar la sobrerregulación con lo que ello supone como freno al crecimiento. Estas infraestructuras son de largo plazo y es muy importante no dañar la confianza de los inversores.
Por último, la principal lección aprendida en el caso de Chile es que la diversificación de fuentes, la apertura a la inversión y una regulación predecible permiten construir sistemas energéticos más resilientes frente a cambios geopolíticos o de mercado
Seguridad de suministro antes que transición sobre el papel
La transición energética latinoamericana se desarrolla en un contexto muy diferente al de otras regiones. Crecimiento de la demanda, necesidades de inversión, competitividad industrial y vulnerabilidad de algunos sistemas eléctricos obligan a analizar simultáneamente descarbonización y seguridad energética.
La industria energética enfrenta hoy desafíos asociados a descarbonización, transición energética y seguridad de suministro. ¿Cómo visualiza el equilibrio entre estos tres elementos en América Latina durante la próxima década?
JF: Empecemos por el tercer desafío, que posiblemente es el más importante de los tres porque sin seguridad de suministro los otros dos pierden fuerza. Pareciera que han tenido que ocurrir varios eventos críticos en el sector eléctrico, en España, Chile y Panamá por poner ejemplos concretos, o más globalmente en Ucrania y en Irán, para volver a dar la importancia que se merece a la seguridad de suministro. Para hacer una transición energética pragmática y tomarnos en serio la descarbonización es importante garantizar la seguridad de suministro y la competitividad en las economías de América Latina.
La transición energética y la descarbonización no puede sostenerse únicamente en el papel con proyecciones 2030 o 2050, o regular improvisadamente cierre de alternativas energéticas sin tener garantía de sustitución a precios competitivos…etc. La velocidad de la transición energética, y por tanto llegar a los objetivos de descarbonización, la va a marcar la capacidad tecnológica de conseguir alternativas a la matriz energética existente a igual o mejor coste. Por tanto, cuanto antes encontremos soluciones tecnológicas en ese sentido antes avanzaremos en la transición, y lo que es importante en ese camino es no despreciar las tecnologías que son habilitadoras para conseguir esos objetivos, mejorando otras condiciones como son la calidad de aire en las ciudades reduciendo el material particulado. En esto el gas juega un papel esencial por su capacidad de complemento para las energías intermitentes, garantizando la seguridad de suministro.
Adicionalmente, cuando pensamos en la optimización de las infraestructuras, el desarrollo del biometano y a más largo plazo el hidrógeno renovable puede contribuir a aprovechar las infraestructuras gasistas existentes y acelerar una transición energética pragmática y asequible para la región, con una importante aportación a la economía circular en el caso del biometano.
Liderazgo: transformación, cooperación y visión de largo plazo
Sobre las nuevas generaciones de profesionales que tendrán que gestionar una industria sometida simultáneamente a transformación tecnológica, presión regulatoria y nuevas exigencias de los consumidores.
Mirando hacia atrás en su carrera profesional, ¿qué consejo le daría a las nuevas generaciones de profesionales que buscan construir una trayectoria de liderazgo dentro del sector energético latinoamericano?
JF: Dar consejos siempre es difícil, es casi mejor hablar de líneas de trabajo que podríamos tener como sector:
Primero, que tengamos voluntad transformadora, estamos en un momento de cambio tecnológico importante y ese cambio tecnológico se tiene que reflejar en mejor atención a los consumidores y en unas mejores tarifas por optimización en toda la cadena del sector energético. El sector energético es fundamental para el devenir de la economía en los países y como tal tenemos que esforzarnos en mejorar en todos los sentidos.
Segundo, que tengamos voluntad de trabajar conjuntamente con el resto de los servicios públicos como agua, telefonía, cable… Se pueden generar muchas sinergias de las cuales nuevamente se pueden aportar muchos beneficios a la sociedad.
Tercero, que nos creamos la necesidad de colaborar en una evolución energética que valore la importancia de todas las fuentes de energía y que con pragmatismo tracemos un plan creíble de como evolucionar hacia un menor impacto no solo con el medio ambiente sino también con la calidad del aire que es el que de verdad afecta de manera local en cada ciudad de cada país.
Y quizá una línea adicional, no menos importante que las anteriores, sería que contribuyamos a la estabilidad regulatoria del sector energético solicitando señales claras y de largo plazo que no sean erráticas y que contribuyan a invertir en la infraestructura necesaria para garantizar la seguridad de suministro.
En un terreno más personal, yo animaría a todos los profesionales, del sector energético y de cualquier otro, a que se atrevan a tomar riesgos, a experimentar, y que no pierdan la oportunidad de conocer otros países y culturas y, si se da el caso, vivan y trabajen fuera de su país. El haber tenido la oportunidad de vivir y trabajar en distintos países, incluido Chile, lo considero como la experiencia más enriquecedora de mi vida laboral.
Una visión pragmática para el futuro energético de América Latina
La conversación con Javier Fernández deja varias líneas particularmente relevantes para el debate energético regional: seguridad de suministro, integración regional, estabilidad regulatoria, inversión de largo plazo y pragmatismo tecnológico.
Su análisis también pone sobre la mesa una cuestión que será determinante durante los próximos años: la transición energética no puede evaluarse únicamente a partir de objetivos de descarbonización. Para los países latinoamericanos, deberá avanzar simultáneamente con sistemas energéticos seguros, competitivos y capaces de sostener el crecimiento económico.
En ese escenario, el gas natural continúa ocupando un espacio estratégico, tanto como fuente de competitividad para la industria como por su capacidad de complementar sistemas eléctricos con una participación creciente de generación renovable intermitente.
Y Chile ofrece una experiencia especialmente interesante: de la dependencia del suministro argentino a la construcción de infraestructura de importación de GNL y, potencialmente, hacia una nueva etapa de integración energética con Argentina y el Pacífico.
Sobre Metrogas
Metrogas S.A. es una de las principales compañías de distribución de gas natural en Chile, con presencia en las regiones Metropolitana, de O’Higgins y Los Lagos. La empresa inició el suministro de gas natural en Santiago en 1997 y ha sido parte relevante del desarrollo de la infraestructura gasista del país, incluyendo su participación en la construcción del terminal GNL Quintero y la expansión del suministro mediante redes y soluciones de GNL móvil. Actualmente, su actividad comprende la distribución y comercialización de gas natural para clientes residenciales, comerciales e industriales.